martes, 26 de enero de 2016

Los ideales políticos en las monedas de Costa Rica en el siglo XIX

Por Manuel Chacón / chaconhm@bccr.fi.cr

El estudio de la historia de la moneda –como puede apreciarse en la renovada exhibición permanente de numismática en los Museos del Banco Central de Costa Rica– no debe circunscribirse a su función como un medio para adquirir bienes y servicios. Los signos e inscripciones de las monedas, medallas y billetes están relacionados con factores políticos, económicos y culturales del contexto en que se fabricaron y emitieron.

En muchos casos se representaron las visiones de mundo de individuos, y en Costa Rica, durante el siglo XIX, las monedas se convirtieron en unos de los objetos más importantes para transmitir los ideales políticos de los grupos que ejercían el poder; sobre todo en momentos de cambio en que se implementaron nuevas formas de organización política del Estado.

En el periodo 1821-1850, el país se caracterizó por la búsqueda de un modelo de gobierno y de economía que integrara las expectativas de las élites. La Independencia obligó a la reorganización política, por lo que se sucedieron el gobierno de tipo colegiado sobre la base del Pacto de Concordia (1821-1823), la integración del Estado costarricense a la República Federal de Centro América (1824), la separación de esta por decisión de Braulio Carrillo (1838), la invasión del hondureño Francisco Morazán y su intento por restablecer la Federación Centroamericana (1842), su caída (1842) y la fundación de la República (1848).

Los diferentes grupos que ostentaron el poder, trataron de imponer su visión de Estado, materializada en los llamados símbolos, como la bandera y el escudo. Este último se grabó en las monedas por regla general.

Costa Rica produjo monedas a partir de 1825, en el contexto de su participación en la República Federal de Centro América, a la cual se adhirió en 1824, y cuyos grabados se rigieron por la Ley de Moneda de 1824. En el anverso de dichas monedas se grabó el escudo de la Federación Centroamericana, de carácter unionista, el cual tenía cinco volcanes y un sol naciente para representar la unión de los cinco Estados centroamericanos (Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica). En el reverso se colocó la imagen de un árbol de ceiba, como emblema de libertad.

Después de 14 años, la Federación Centroamericana comenzó a desmoronarse. Su fracaso se debió a la falta de integración regional, los resentimientos hacia Guatemala, la desigual distribución de la población, el localismo, la ausencia de una sólida base económica y las ambiciones de los líderes y de las élites locales. En 1838, el jefe de Estado de Costa Rica, Braulio Carrillo, separó a Costa Rica y en 1840 estableció una nueva bandera y un escudo. La decisión significó la recuperación de la soberanía. Los símbolos de la Federación, entre ellos la bandera y el escudo, fueron considerados, “figuras simbólicas de la servidumbre” que había que eliminar. Posteriormente, una de las acciones de Costa Rica consistió en establecer una bandera y un escudo, que representaran su nuevo estatus político, y los reglamentos para emitir monedas con estos símbolos. El nuevo escudo fue una estrella radiante, que simbolizaba la soberanía del Estado de Costa Rica y se grabó en las monedas de Costa Rica entre 1841 y 1842.

En abril de 1842 llegó al puerto de Caldera, con sus tropas, el general Francisco Morazán, último presidente de la desarticulada República Federal de Centro América, con la idea de reconstruir dicha unión. Carrillo envió un contingente armado para combatirlo, a cargo de Vicente Villaseñor, quien decidió traicionar al costarricense y realizar un acuerdo con Morazán llamado el Pacto del Jocote y firmado el 12 de abril de 1842. A partir de entonces, Morazán quedó a cargo de la jefatura del estado, por lo cual Carrillo tuvo que salir del territorio.

A pocos días de haberse instalado Morazán como general jefe supremo provisorio del Estado de Costa Rica, restableció el pabellón, el escudo y el tipo de moneda de la República Federal y eliminó los establecidos por Carrillo , con el fin de quitar los símbolos que representaran a Costa Rica como Estado independiente .

A pesar de que Francisco Morazán fue derrocado en 1842, los Gobiernos posteriores mantuvieron el diseño y las monedas federales. ¿Por qué? Hasta 1847, nuestro país asumió una actitud de cautela ante los procesos que se daban en Centroamérica. De ahí, surgió la idea de participar en una eventual unión centroamericana.

Cambio tras cambio. El restablecimiento de la República Federal nunca se llevó a cabo, y Guatemala fue el primer Estado de Centroamérica que se erigió en República, en 1847. En Costa Rica, tras el golpe de Estado de 1846, se declaró como jefe provisorio, por segunda vez, a José María Alfaro; luego, se convocó una nueva Asamblea Constituyente, la cual elaboró la Constitución que entró en vigencia en 1847.

Para conmemorar las “reformas” de 1846 (el golpe de estado a José Rafael Gallegos, ocurrido el 7 de junio) y la Constitución de 1847, se emitió una moneda de un real que tenía, en el anverso, un árbol de café en el centro, en la circunferencia la leyenda “Reformas Proclamadas el 7 de junio de 1846”; en el reverso, un grabado del “rostro de una joven india” en el centro y en la orla la inscripción “Costa Rica a la Constitución del 21 de enero de 1847”.

El fin dar a conocer y legitimar la Carta Magna, sobre la cual se emitió, en 1848, el decreto de fundación de la República. Las monedas constituyeron un medio para transmitir el mensaje, dar relevancia a la Constitución recientemente emitida y materializar el hecho. Se comenzó eliminar el uso de monedas cuyos símbolos pertenecían a la República Federal de Centro América, y se transmitieron símbolos propios.

Nuevos símbolos. Como parte de los nuevos símbolos que se adoptaron en esta etapa, el presidente José María Castro Madriz decretó la creación de una bandera y de un escudo, el cual fue grabado en el anverso de las monedas de oro y plata emitidas a partir de 1850. El nuevo escudo resaltaba la condición ístmica del país –con mares a ambos lados– que facilitaba el comercio, y la leyenda “República de Costa Rica”, que indicaba su sistema de organización política.

El reverso de las monedas de oro presentaba la imagen de una indígena descansando sobre el brazo izquierdo, apoyada en un pedestal con la inscripción: “15 de setiembre de 1821”.

Se proyectaba a Costa Rica como un país con casi 30 años de vida independiente y con un pasado común con el resto de Estados centroamericanos.

Se rescató sistemáticamente el 15 de setiembre de 1821 como fecha de la independencia, pues, además de incluirla en las monedas de oro, se estableció su celebración anual, mediante un decreto del 11 de setiembre de 1848.

En cuanto al emblema de la indígena, según palabras del ministro de Hacienda en 1864, se trataba de “una alegoría al acontecimiento venturoso de nuestra independencia (...) símbolo de nuestra regeneración política y la enseña de nuestra libertad”. La figura tenía características típicamente europeas derivadas del neoclasicismo, por lo que registra el mismo esculturalismo de la antigüedad grecorromana. El café no solo le había permitido a Costa Rica incorporarse al mercado mundial, sino que también propició el intercambio cultural con Europa y la adopción de una serie de valores y cánones estéticos europeos que se reflejaron en el arte, la arquitectura, la moda y las monedas.

En el caso de las monedas de plata, se grabó en el reverso un árbol de encina, como símbolo de libertad y de hospitalidad. A partir de 1880 desapareció el grabado del árbol en las monedas de plata, el cual fue sustituido por el valor de la moneda.

El escudo de la República, establecido en 1848, es la base del actual y se graba en las monedas de Costa Rica desde 1850. En 1906, sufrió su variación más notoria cuando se le quitaron las armas o trofeos de guerra, aunque este cambio se realizó para las monedas de oro y plata desde 1896, cuando se estableció el colón como unidad monetaria.

Una vez consolidado el sistema republicano de organización política para Costa Rica, en la segunda mitad del siglo XIX y el cual nos rige hasta hoy , las monedas no han sufrido variaciones o cambios de fondo en sus grabados, lo cual nos muestra la importancia en la transmisión de los ideales y de los proyectos de organización política de los Estados y las repúblicas.

Articulo publicado por:www.nacion.com

1 comentario:

Toriz Punto dijo...

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