lunes, 22 de octubre de 2012

Menos ceros a las monedas


La iniciativa del Gobierno de Juan Manuel Santos de quitarle tres ceros al peso colombiano, no ha sido la única en América Latina. Otros países de la región han implementado esta medida con el objetivo de facilitar las transacciones comerciales, y de generar un cambio de tendencia en la inflación.

Casos como los de México, Perú, Venezuela, Argentina y Brasil, los cuales han implementado un cambio de denominación en sus monedas en los últimos 20 años, se convierten en un punto de análisis para LR en cuanto a las posibles consecuencias que podrían producirse en el entorno de la economía local.

En 1991, por ejemplo, cuando Perú pasó de la moneda Inti al Sol, presentaba un caso histórico de inflación de 409,5%. Es decir que 1 Sol era equivalente a 1.000 Intis y el billete de máxima denominación era de 5.000.000 de Intis.

Para Roberto Rosado, periodista económico del diario Gestión, de Perú, el anuncio de Hurtado Miller, ministro de Economía en el gobierno de Alberto Fujimori acerca del cambio del Inti al Sol, tuvo el objetivo de “sincerar los precios y de iniciar un nuevo modelo económico en Perú, tras épocas hiperinflacionarias que superaban el 1.000% en del IPC en los años ochenta”.

Agregó que “el cambio generó una significativa estabilización de la economía, al revertir una moneda tan devaluada como el Inti. Sin embargo, la situación generó en principio un “shock” en los peruanos sobre el precio de los productos que, con el tiempo, se fue regulando”.

El presidente Hugo Chávez también propuso un ajuste en su economía en 2008, con el lanzamiento de una nueva moneda: el Bolívar Fuerte. Con ello, se eliminaron tres ceros a la tradicional denominación del Bolívar, en medio de un panorama inflacionario de 30,9%.

Según el ministro venezolano de Finanzas de la época, Rodrigo Cabezas, la “Reconversión Monetaria” pretendía “mejorar las transacciones financieras, bancarias, e incluso de comercio exterior, y a su vez, preparar el ingreso del país en el Mercosur”.

Y aunque el efecto en principio fue de adaptación en los venezolanos para usar los nuevos billetes y monedas, el panorama fue positivo al año siguiente, ya que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) bajó a 27,1%.

México, en 1993, introdujo el Nuevo Peso, el cual le quitaba tres ceros al anterior; de tal manera que 1.000 pesos de 1980 equivalen actualmente a 1 Nuevo Peso.

Y aunque en ese momento el país no presentaba la tasa inflacionaria de 159.17% que tenía en 1987, el objetivo de Pedro Aspe Armella, secretario de Hacienda del gobierno de Salinas de Gortari, era “facilitar la comprensión de grandes cantidades de dinero”.

Fue así como la inflación llegó en 1994 a 7% y la coexistencia de las dos monedas fue posible hasta 1995.

Igualmente, casos como el de Brasil, el cual presentaba en 1994 una inflación de 2.075,90% para el momento del cambio de moneda de Cruzeiro a Reales; o como el argentino, con una inflación de 24,9% en 1992 en el momento de cambio del austral al Peso argentino, representan otros ejemplos de la estabilización económica a partir del cambio monetario en Latinoamérica.

Los analistas reconocen que la variación en la denominación de la moneda tiene, además de un efecto contable, uno cultural que influye en la percepción de los consumidores. No obstante, esta medida no es considerada como un factor influyente en la tendencia inflacionaria de un país.

José Manuel Restrepo, rector del Colegio de Estudios Superiores (Cesa), explica que la propuesta de reducir los tres ceros de la moneda solo generaría un efecto en las expectativas de inflación a la baja, sólo si se añaden otro tipo de políticas fiscales.

“En realidad, el efecto es nulo debido a que no hay una correlación directa entre los cambios de denominación de moneda y la reducción del IPC. La única ventaja en Colombia es que esta medida facilitará las transacciones comerciales y generará un efecto psicológico en los consumidores. Colombia tiene una inflación estable donde no requiere de estas políticas”, anotó.

Para Munir Jalil, economista jefe de Citibank, este tipo de medidas usualmente se han dado en países que han estado viviendo inflaciones muy fuertes, en los cuales los precios crecen tanto que la cantidad de ceros hace inmanejable las transacciones.

“Aunque el impacto será nulo, el país no necesita la medida, solo si se quiere dar un cambio estético que nos haga comparar unidades entre países. En ese sentido, Colombia esta rezagada”, afirmó.

El efecto de transición que generaría esta medida en la economía nacional, y si tendrá un impacto similar al resto de países de la región, solo se conocerá si el Senado y la Cámara de Representantes aprueban el proyecto de ley 34 de 2010, acerca del cambio de denominación de la moneda.

Avanza el proyecto del cambio del peso en Colombia

Como lo ha informado LR, el presidente Juan Manuel Santos ha defendido la propuesta del cambio de denominación del peso colombiano, con el argumento de que traería consigo facilidades de transacción comercial. “Es un proyecto que no tuvo suerte en la presentación pasada. Pienso yo que por falta de pedagogía, porque es un proyecto que realmente trae beneficios y beneficios importantes con un costo mínimo”, agregó.

Por su parte, el senador Antonio Guerra de la Espriella ha considerado que “el Presidente acertó al incluir este proyecto en la agenda económica. En la OMC hay una corriente que está invitando a los países a que recorten sus dígitos en las monedas”.

Fuente:vanguardia.com

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